Han pasado 11 jornadas del Apertura mexicano, los goles y las buenas jugadas se han hecho presente en todo momento, pero a la par se muestra el lado obscuro que a todos los aficionados les genera malestar.
El arbitraje mexicano pasa por uno de los momentos más críticos en su historia. Las quejas están a la orden del día y es rara la jornada en donde no haya objeción de algún equipo sobre una jugada o una decisión que haya influido en el marcador.
Hay muchos ejemplos, tal es el caso de las expulsiones de jugadores importantes (Bruno Marioni, Lucas Lobos, Daniel Montenegro), o penales no marcados y peor aún, actitudes que perjudican al espectáculo del fútbol y que se han pasado por alto.

La queja en general es muy clara: No se mide con la misma vara o lo que es lo mismo, se castigan a todos pero con diferente perspectiva.
Me queda una cosa muy clara, las camisas pesan y tan esa así que con el tiempo al América y las Chivas se les ha permitido ciertas cosas que para otros equipos sería lo contrario, pero con el paso del tiempo ha habido equipos como Pachuca que se han hecho respetar con diferentes métodos de convencimiento.
Si a esto le agregamos que los silbantes han ido bajando sus estándares de calidad, la combinación ha resultado nefasta y hoy cada sanción se observa con lupa y si los equipos no están de acuerdo se exige que se corrija o se atendrán a las consecuencias.
Claramente hay un reglamento y tantos los técnicos como los jugadores deben de saberlo porque a eso se dedican (Fútbol) pero en ciertos casos se juzga de una manera diferente, ya sea porque se dio en una circunstancia diferente a la otra pero, como persona, pienso que el criterio de las jugadas debe ser similar.
Yo sé de antemano que los árbitros son seres humanos y que tienen tanto derecho de equivocarse como cualquier mortal, pero siento que la preparación que se les da no es la adecuada y tan es así que en este torneo los árbitros novatos han dejado mucho que desear.
Todos piden la cabeza de Aarón Padilla y Alfonso Sabater y el justificante que mencionan es su falta de conocimiento en el medio, pero si hacemos memoria creo que traer a un árbitro a dirigir la comisión de arbitraje no es ninguna garantía (como fue el caso de Arturo Yamasaki y Edgardo Codesal, en donde también hubo problemas).
Las soluciones son simples y hasta cierto punto sencillas.
- Mejor preparación en los árbitros, tanto jóvenes como veteranos y los que están por consolidarse.
- Uniformidad en criterios de jugadas y acciones dentro del campo.
- Cuentas claras dentro de la comisión de arbitraje, para que no se presten a malos entendidos.
Tal vez para ustedes se les haga muy ligero este tipo de conclusiones, pero ciertamente que por algo se empieza, ya luego podremos pensar en hacer del arbitraje una herramienta autónoma y cosas parecidas, pero si por algo queremos empezar creo que estos consejos pueden servir.
Foto|Record
















